11 abr

Felicidad, flexible (Atrévete a romper tus propios esquemas)

Jenny Moix (Aguilar, 2011)
Porque… te ayudará a replantearte cómo vas por la vida y entender qué rígidos esquemas la dirigen (sí, aunque te cueste creerlo, la dirigen) y así, liberarte de lastres que minan tu felicidad. Testado y comprobado.

Decir que un libro es una joya da reparo, porque suena a frase hecha, pero si lo es, ¡lo es! y dejémonos de tonterías. Y en este caso, no me cabe ninguna duda: este tesoro de sabiduría práctica puede dar un vuelco a nuestra forma de ir por la vida y, por supuesto, para bien, ¿a qué vendría si no proponerte su lectura? Su autora, la doctora en Psicología Jenny Moix, nos lleva de la mano -fuertemente agarrados y con la red de su lucidez como mejor protección- en un viaje por nuestras creencias y esquemas de pensamiento rígidos, invisibles y limitantes, para demostrarnos lo necesario de librarnos de tanta razón, o lo que es lo mismo, de querer mirar las cosas siempre desde la misma perspectiva (la nuestra, la correcta, la única… ¡si lo sabremos nosotros!), para ser así mucho más felices. La clave está en ser flexibles, tal y como reza el título. Flexibles con nosotros mismos, con los demás y con la vida, algo que, gracias a sus sabias palabras, se nos revela tan sencillo de hacer como liberador.
Si quieres leer sus primeras páginas, clica aquí. Si lo deseas comprar, puedes entrar directamente en la página correspondiente a “Felicidad, flexible” de la Casa del Libro clicando aquí.

14 mar

No importa la edad que tengas, cuida de tu suelo pélvico

Cada uno de esos anuncios sobre compresas para quienes padecen incontinencia urinaria, con una señora muy sonriente ¡mientras se orina encima! (sic) son un desprecio, ¡un insulto a la mujer! Pretender hacernos creer que llegar a eso es lo normal y que basta con ponerse un pañito tiene bemoles por no decir lo que pienso, que es mucho más fuerte. No importa la edad que tengas, si eres mujer debes cuidar de tu anatomía genital y es más fácil de lo que crees. Para ahondar más, porque la cuestión es seria, aquí te adjunto un artículo que se publicó en el diario “La Vanguardia” donde se explica muy bien cómo se pueden evitar esas pérdidas… ¡y mejorar nuestra vida sexual! De hecho, en Tu sexo es tuyo ya os hable de la cuestión. Como muestra, un botón: “Se ha comprobado que las mujeres con músculos pélvicos débiles tienen orgasmos muy poco intensos e incluso no llegan. Tiene su lógica: la falta de tono del suelo pélvico hace que haya una menor irrigación sanguínea en la zona, lo que disminuye su sensibilidad”.

Además de leer el PDF, te recomiendo que visites www.elcentre.info donde encontrarás muy buena información sobre el trabajo que realizan los fisioterapeutas de suelo pélvico. Su directora, Francisca García, es una de las mejores profesionales españolas.

Advertencia final: si cuando te ríes, estornudas, toses, cargas objetos pesados o haces deporte, por poner unos ejemplos, tienes escapes de orina (sea unas gotas sea un chorro), tienes que acudir inmediatamente a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. En la sección de Recursos, te he colgado un listado que incluye especialistas de toda España.

Decargar pdf aquí

9 mar

Diez claves para transformar tu matrimonio

John Gottman y Julie S.Gottman (Paidós, 2010)
Porque… si tienes pareja, lo necesitas

Admiro profundamente el trabajo de este psicólogo y profesor universitario, capaz de predecir con más de un 90% de probabilidades de acierto si una pareja permanecerá junta o no tras observar cómo se comunican. Lo reconozco: el título del libro tira para atrás de lo carrinclón que suena. Pero, las apariencias engañan, porque su contenido es de lo más útil, ya que la mayor parte de los conflictos de pareja suelen derivarse de problemas de comunicación y de eso se ocupa este libro: de cómo decirnos las cosas con efectividad y cómo valorar las dificultades en su justa medida. Las enseñanzas de Gottman supusieron para mi un antes y un después, por eso te lo recomiendo vivamente. Si te cuesta hacerte entender, tu amorcito es de los/las que mira al infinito cuando le hablas, o te dice que siempre andas quejándote (o viceversa), si siempre acabáis discutiendo y no llegáis a ninguna parte, si tenéis diferencias aparentemente irreconciliables (existen, pero no por ello hemos de darnos por vencidos), necesitas este libro ¡ya! Cada uno de sus diez capítulos aborda un caso real concreto y la forma en que ayudaron a sus pacientes a hacerle frente.
Si quieres leer su introducción puedes verla haciendo clic aquí

Y si te gusta, pero no tienes una librería cercana para comprártelo o no te apetece acudir a ella, si clicas en comprar, entrarás directamente en la página correspondiente a “Diez claves para transformar tu matrimonio” de la Casa del Libro.

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6 mar

Cuando ir a terapia sexual

Si alardeas “De esta agua no beberé” es probable que tarde o temprano debas desdecirte. Tal vez ahora  tu vida sexual sea satisfactoria, pero eso no implica garantía de eternidad.  Piensa: ¿acaso siempre lo ha sido? Tarde o temprano puede surgir una duda, un escollo, un problema. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si tu deseo o el suyo se viese afectado por culpa del estrés laboral o conflictos en vuestra relación, si los coitos se volviesen difíciles por una disfunción eréctil o dolor vaginal, o si de repente tus orgasmos o los suyos ya no fuesen como los de antes? Sea por ti, sea por quien comparte tu cama, no es raro que, en algún momento, se haga necesario que paséis del orgullo mal entendido, deis esquinazo a estériles vergüenzas y pidáis ayuda. Fíjate que lo escribo en plural: las dificultades sexuales, aunque aparentemente sólo afecten a uno, suelen necesitar de un trabajo en equipo.

¿Cuándo hay qué acudir a consulta? Hay razones que se imponen por su propio peso, son de lo más evidente: ausencia de orgasmo o dificultades para alcanzarlo, disfunción eréctil, falta de deseo, problemas en el control de la eyaculación, imposibilidad de practicar el coito o dolor al realizarlo, dificultades motivadas por una enfermedad o una intervención quirúrgica…

A veces, los motivos no se ven tan claros, no son tan evidentes o tan concretos, pero existen desde el momento en que uno de los miembros de la pareja o ambos se sienten infelices o insatisfechos a causa de su vida sexual. Por ejemplo, cuando la disimilitud de apetitos provoca problemas de pareja (recriminaciones, culpabilidades y discusiones) o cuando un cónyuge siente que el otro le empuja a prácticas que no le convencen. En realidad cualquier dificultad que no logramos solventar –sea porque siempre la hayamos tenido o porque lleva un tiempo sucediéndonos- y nos pese es razón suficiente para acudir al terapeuta.

Sin embargo, nos cuesta dar el paso: según la Asociación Española de Salud Sexual, los españoles tardamos una media de cinco años en reconocer que nos pasa algo y pedir ayuda. Un malgasto de tiempo que pasa factura: cuanto más se tarda, más cuesta resolver la situación, ya que hay más cúmulo de frustración, ansiedad y/o culpa. Para colmo, a veces, puede suponer un peligro para la salud: los médicos advierten que las dificultades de erección pueden indicar, por ejemplo, la existencia de riesgo cardiovascular o de diabetes (son como centinelas). Moraleja: ¡hay que coger al toro por los cuernos y cuánto antes mejor! Fijémonos en los británicos: sólo tardan entre cuatro meses y un año en pedir cita con el especialista. Ya ves, ¡no sólo hemos de aprender su inglés!

Este texto pertenece a mi libro “Deseo“. Si deseas contactar con un terapeuta sexual, mira en Recursos.