El discreto encanto de la infidelidad

Anna R. Alós (Esencia/Planeta 2010)
Por qué leerlo… Porque es el pan nuestro de cada día y no está de más darle un par de vueltas de tuerca al tema para quitarle hierro al asunto u otorgarle su justa medida. Y por su gracia, ironía, realismo.

Advertencia inicial: este libro no da recetas sobre cómo ser infiel y salir airoso de la aventura ni de cómo superar una infidelidad. Es verdad que nada más empezar la autora, conocida periodista y cronista social de Barcelona e Ibiza (¡lo que no habrá visto y oído!), se marca un “Decálogo para ser infiel mirando cómo y con quién” que no tiene desperdicio. Sirva el punto 8 de ejemplo: “Si quieres guardar tu secreto, guárdalo tú”. La pena es que a más de una/o el consejo le llegará algo tarde. En fin, que a pesar de lo que podía aparentar, no es un recetario ni un manual para novatos o para parejas en busca de soluciones, sino una reflexión sana, lúcida, divertida, salpicada de una y mil historias reales (con nombres cambiados, por supuesto), que “no pretende hacer apología de la infidelidad, ni, lo contrario, condenarla a ser causa inexorable de ruptura”, como bien se encarga de subrayar su autora.

A partir de aquí, todo tiene cabida y es pasado por el microscopio de Anna R. Alós, que si de algo carece es de pelos en la lengua. Desde la búsqueda de las causas a los peligros que encierra la excesiva sinceridad, pasando por la culpa, los efectos de la llegada de internet, cómo evoluciona nuestra percepción del fenómeno en función de la edad o a qué se le debe considerar una traición y a quién un traidor/a.

Algunas de las muchas perlas que encierran sus páginas:
– “.. si hasta un momento se firmaba `Hasta que la muerte nos separe´, quizá vaya siendo hora de darle a la frase forma y contenido contemporáneos: `Hasta que la vida nos separe´. Aunque sea por autolealtad”.
– “Una cabeza sin cuernos es como un jardín sin flores… Si pienso en todas las cabezas de mis agendas, pasadas y presentes, no hay títere con cráneo liso”.
– “La infidelidad, en realidad, solo tiene un objetivo: que el otro no se entere”.
– “… el exceso de sinceridad es de mala educación”.

Afirmaciones como éstas -entre divertidas y dolientes- pueblan este libro que se lee de un tirón de lo entretenido que resulta. Y no olvidemos que “más vale prevenir que curar”.

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9 respuestas a “El discreto encanto de la infidelidad”

  1. Pepitogrillo dice:

    Por la misma razón se podría escribir sobre el discreto encanto de robar, de engañar, de estafar… o, por la misma razón, el fabuloso encanto de vivir la pasión en la pareja o el maravilloso encanto de ser fiel a uno mismo y los demás.

    La pena es que en estos momentos en que parece que todo valga, las propias ideas sobre el engaño se quieran vender como la panacea a los placeres inexplorados.

    No nos debe sorprender, por tanto, que si se da por bueno el engaño dentro del nucleo más importante de las relaciones humanas, -la pareja-, que vivamos sin inmutarnos en una sociedad que prima la egolatría y la superficialidad.

    Tendremos lo que nos merecemos y si para nosotros es válido el engaño, nos merecemos ser engañados igualmente.

  2. Dragonzilla dice:

    El término fiel, en su primera acepción de la RAE, se define como “Que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él.” Y yo digo: se puede ser infiel a alguien, en el sentido de tener relaciones sexuales con una persona diferente de nuestra pareja sin alejarse para nada de esta definición. Vale ya de apoyarnos en valores cristianos y patiarcales a la hora de entender nuestro modelo de pareja. Un hombre puede serle infiel a su mujer, con una amiga con la que mantiene esporádicos encuentros, y sin embargo seguir guardando la fe en su matrimonio y en su familia, siendo constante en sus afectos a su pareja, cumpliendo sus obligaciones y no defraudando su confianza. Reivindico el sexo como comunicación. Más que eso: como metacomunicación, como un regalo que una persona le hace a otra, sin menoscabo en su pratrimonio emocional. Tener sexo con alguien no implica necesariamente cambiar de afectos. El afecto, el amor, el sexo, es infinito, no se gasta, ni uno tiene menos por compartirlo con más personas.
    Se puede ser infiel, y muy leal a las personas a las que amas, y con las que compartes un proyecto de vida en común. Y volver a casa más rico de lo que te fuiste, con más alegría de vivir para compartir.

    1. joaquino dice:

      perfectamente de acuerdo contigo

    2. Bes dice:

      Bueno… Si la otra parte no lo sabe, y espera fidelidad (es decir, si hay engaño u ocultación delierada y alevosa) yo creo que sí se defrauda la confianza depositada… Aunque igual soy un poco rara…

      1. Bes dice:

        “deliberada”, perdón…

  3. Anna R. Alós dice:

    Hasta hoy no leo el comentario de Mario Ponce. Mario: completamente de acuerdo contigo. Le sobran esas 30 páginas. Pero así son las resmas.
    A Erosplorer: creo que debe escribir un libro al respecto.

  4. Mario Ponce dice:

    Es un libro muy entretenido, a pesar de que ha reatos me se hace un poco cargante.
    A mi mal entender le sobras 30 paginas, seria mas compacto y cansaria menos.
    A pesar de ello, de verdad, el que quiera saber un poco mas de lo que le puede pasar por no saber apreciar lo bueno que tiene a su alrededor, q lo lea.
    Felicidades a la cabeza pensante que lo ha realizado.

  5. Erosplorer dice:

    En mi opinión la infidelidad no tiene nada de encantador. Es un engaño y como tal una forma de destruir una relación. Es además un engaño que duele. Y hacer daño a alguien que se ama es, además de una inmoralidad, una estupidez porque tarde o temprano nos volverá como un boomerang. Recordemos que si uno quiere a una persona, de verdad, llega a sentir el sufrimiento del otro como propio.
    Otra cosa es la situación actual de la pareja. Nuestro ideal de pareja cerrada asfixia – y no sólo en el aspecto erótico – asfixia las relaciones. Creo que se da demasiada importancia a la exclusividad y que es un residuo de nuestra sexualidad patriarcal. Pero eso no puede ser excusa para “estafar” a la otra persona.
    Es mucho más honesto y mejor, a la larga, llegar a un acuerdo sobre una cierta “abertura” la relación. Siempre fruto del consenso de todos los integrantes, por supuesto.
    Admitimos que nuestra relación debe ser exclusiva sin discutirlo en absoluto. Lo damos por hecho. Es una imposición y, por nuestra naturaleza, tendemos a oponernos a las imposiciones. Si hay un debate y un consenso, aunque se decida tener una relación exclusiva, por lo menos será algo propio de cada uno y más fácil de cumplir. No lo asegura, pero lo facilita.
    Considerar a la infidelidad como una forma de combatir la prohibición de tener relaciones extraconyugales es como confiar en el contrabando para paliar los efectos de prohibir el alcohol, es injusto y pernicioso.

    1. vicky dice:

      Completamente de acuerdo contigo…

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